Karen castrillon dsc

El miedo

¿Tienes miedo? ¿Has sentido miedo? ¿Sientes que las personas no te entienden y tal vez piensan que tu miedo es solo algo que imaginas?

Pues bien…. Quiero contarte que yo también lo he sentido. Desde muy pequeña estuve en contacto con ésta emoción, solo que la oculté. Aunque a veces me sentí frágil, aprendí a continuar. Y esto es lo que hacemos la mayor parte de los seres humanos, sentir el estrés y para no quedarnos con él, continuamos. Hoy, por medio de este artículo, quiero reconocer tu miedo y te pido que le des un lugar importante a ésta emoción. Es tu corazón el que se excita, tus músculos se tensan y tus bronquios los que se expanden para absorber más oxígeno. Solo tú sabes lo que se siente.

Entonces, ¿Qué es y cómo se vive el miedo en nuestra biología? Es una respuesta natural, arcaica, que nos alerta ante el peligro y nos impulsa a la supervivencia. Nos prepara para enfrentar o huir de las situaciones que podemos sentir como peligrosas. El miedo puede adoptar varias formas y manifestarse de distintas maneras, según las circunstancias. Tal vez, puede ser el miedo a lo desconocido, a la perdida, al fracaso, al juicio, etc. Cada uno de estos temores tiene sus raíces en las experiencias durante la fase de gestación, el nacimiento o nuestra niñez. En otros casos el miedo podría venir de nuestros ancestros, ante situaciones de guerra, accidentes, o experiencias de vergüenza donde la imagen cobra un fuerte valor para sus descendientes, aquí, el señalamiento será un potencializador de ésta emoción, y al mismo tiempo habrá que evitar a toda costa sentirlo, esto pone en un alto estrés a nuestra biología. Próximamente podremos profundizar en ello.

Cuando la sensación de miedo persiste puede ser supremamente paralizante, limitando nuestras acciones y fragilizando nuestro poder personal. A veces, se arraiga tanto en nuestra psique que se convierte en una barrera infranqueable que nos impide avanzar. Es como si nos quedáramos sin energía. El cuerpo se agota y no tenemos el ánimo para continuar.

Entonces, ¿Qué podemos hacer con ésta emoción? ¿Huimos de ella? ¿o la enfrentamos? Seguramente, podemos sentir que es mejor huir, para no sentirla, para no tenerla cerca, pero el miedo justamente se nos pone de frente para ser visto. Es un gran ayudador. Estoy de acuerdo contigo que sentir miedo no es agradable, nada agradable, pero aprendí a verlo, a reconocer lo que mi cuerpo sentía cuando él me visitaba. Aprendí a recibirlo y me autoricé a hacer un acuerdo con él. El acuerdo consistió en que nos tratáramos amablemente, con compasión, que nos escucháramos, y así, él me llevo a lo profundo de mis raíces. Pude sentir de dónde provenía y que parte de mi fue justamente la que se fragilizó. Así que se volvió mi maestro y aprendí a escucharlo, aprendí a no huir y aprendí a enfrentar.

Hoy que me estás leyendo, quiero que sepas que lo que tu sientes es real, es biológico. Nuestro cerebro no distingue entre lo real y lo imaginario, así que solo de pensar que podríamos vivir una experiencia de peligro, nuestro cuerpo lo adopta como una vivencia real, tan real que el cuerpo responde a ello. Él, como respuesta biológica llega para protegernos y también para enseñarnos. Llegó para que lo puedas ver y puedan conversar, como les explico a mis consultantes, “es con amor, es despacio”. Tal vez lo que ha permanecido en tu historia ha sido tan fuerte que él justamente llegó para sobrevivir, pero sobrevivir desgasta y limita la vida. En cambio, Cuando te pones en frente de él y lo escuchas, das un paso a la libertad, tu corazón se calma y tus bronquios ya no necesitan tomar más oxigeno del necesario. Realmente podrás estar en la vida. Aceptar su presencia, comprender sus raíces y aprender a trascenderlo nos permite prosperar en un mundo que a menudo parece estar lleno de incertidumbre.

Este gran maestro nos recuerda nuestra humanidad y nos impulsa a elaborar nuestro trabajo interior. Es tal vez, en la oscuridad del miedo donde podemos encontrar la luz que nos guía hacia la verdadera realización personal y el descubrimiento de nuestro potencial más profundo. “Nuestro poder natural”.

Carl Jung dijo: “Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad”. Con seguridad, es ésta oscuridad la que debemos poner frente a nosotros.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *